miércoles, 2 de enero de 2008

SEGUNDA FINAL: TALLERES 1 (1) – GIMNASIA Y TIRO 0 (3)

“A las 21:55 horas de un sábado de estrellas vestido para matar, el pibe David Ignacio Díaz reventaba el travesaño en el cuarto penal de Talleres y abría paso a la consagración salteña en el majestuoso Estadio de Córdoba”, citaba la crónica de Eduardo Berona en su cobertura de la final para El Gráfico.
Por penales, Gimnasia y Tiro logró su segundo ascenso… Pero previo a aquella infartarte definición en la que hubo un héroe bajo los tres palos, hubo un partido de fútbol.

A lo largo del encuentro, Talleres hizo pesar la localía y la presión que ejercían las más de 40 mil almas que habían copado el Estadio de Córdoba con la ilusión de llegar a primera. Las crónicas hablan de un planteo conservador por parte del conjunto salteño, pero Rezza lo supo descartar desde un comienzo. El fundamento: “Una de las principales virtudes del equipo es la solidaridad –admite Rezza, también mentor del ascenso anterior de Gimnasia en 1993-. Entre otras cosas por esa razón pudimos sacar adelante este último partido en el que no vinimos con el objetivo de defendernos, porque yo tengo jugadores para aplicar un sistema conservador. Es más, creo que si el planteo hubiera sido aguantar y aguantar, perdíamos por más goles…”.
Lo cierto es que Gimnasia cayó aquel 19 de julio por 1 a 0. José Alfredo Zelaya fue el encargado de igualar la serie transitoriamente. El gol llegó a los 29 minutos del primer tiempo y, obviamente, fue un baldazo de agua fría para los dirigidos por Rezza.
En el complemento Talleres apostó por ir al frente, mientras Gimnasia buscaba por medio de pelotazos al goleador de la temporada, Luis Rueda. La embestida de Talleres duró sólo unos diez minutos, ya que luego el conjunto cordobés pareció conformarse con el resultado y esperar los penales. Esa decisión le costó el ascenso.
El diario deportivo Olé realiza una perfecta definición de cómo concluyó la segunda final: “Minuto a minuto, el partido paso de discreto a mediocre, de mediocre a malo. Ni siquiera la tensión que puede provocar llegar a un suplemento en una final sirvió para despertar algo. Talleres y Gimnasia prefirieron recostarse en la comodidad de echarle la culpa a la lotería de los penales y ninguno se jugó entero por el triunfo”, decía Sergio Ferraro en su crónica.
La final llegó a su última etapa. El esfuerzo de ambos clubes por llegar hasta esa instancia no era fundamento suficiente para merecer el ascenso. Debían ejecutar disparos desde ese punto blanco de cal ubicado frente al arco. Muchos aún siguen sosteniendo: “Los penales son una lotería”. Pero un claro ejemplo de que esto no es así, es lo sucedido en esta final.
“A los penales ya los teníamos en los planes. Sabíamos que la diferencia en el primer partido no era suficiente y que Talleres se nos vendría encima”, sostuvo en aquel momento Ramón Álvarez. Rezza nos hizo practicar entre 80 y 100 penales –agregó el arquero-, teniendo en cuenta siempre a los jugadores de Talleres”.


REVIVÍ LA DEFINICIÓN POR PENALES...
Queda claro… Los penales no son ninguna lotería. Lo cierto es que en la definición, el arquero de Gimnasia y Tiro, Ramón Álvarez se encargó de parar dos disparos de los cordobeses y darle el ascenso al club que también lo vio subir a primera en 1993.Pasaron diez años, pero aún está grabada en la retina de muchos hinchas aquella definición. Está grabado en la memoria de quienes lo vieron por televisión o de quienes tuvieron la dicha de ser uno de los tres mil fanáticos que vistieron de celeste y blanco el Estadio de Córdoba